La ingestión de toxina paralizante produce cosquilleo y adormecimiento de la boca, irradiándose al cuello y hombros, posteriormente dolor de cabeza, mareos, náuseas, pérdida de sensibilidad de brazos, piernas y cuello, dificultad para hablar y tragar, dificultad para respirar y taquicardia. En casos graves se produce parálisis de las piernas y brazos llegando a la muerte entre las 2 a las 10 horas. La ingestión de la toxina diarreica produce síntomas gastrointestinales como la diarrea, náuseas, vómitos y dolor de estómago. Los síntomas de la toxina amnésica son gastrointestinales y neurológicos como calambres, diarrea, vómitos, náuseas, dolor de estómago, pérdida de equilibrio, debilidad, dolor de cabeza, visión borrosa, confusión, mareo, pérdida de memoria, coma y muerte.

Salud Ambiental