Sí, es necesaria la vacunación. Mejorar la higiene y la alimentación son factores que pueden reducir la incidencia de algunas enfermedades, pero no es suficiente para evitar las enfermedades inmunoprevenibles; por ejemplo, el sarampión era una enfermedad “obligada” en la niñez y antes de los 20 años ya habían presentado esta enfermedad más del 90% de la población mundial. Luego de la introducción de la vacuna, entre los años 2000 y 2013, se redujo la mortalidad mundial en 75%. Se estima que, en ese rango de años, la vacuna contra el sarampión evitó 15,6 millones de muertes, lo que la convierte en una de las mejores intervenciones en salud pública (22). Así se demostró que, si bien la higiene y la nutrición son factores importantes para prevenir enfermedades infecciosas, las tasas de estas enfermedades inmunoprevenibles no disminuyeron gracias a estos hábitos, sino gracias a la introducción de las vacunas para esas enfermedades (23).

Farmacoviligancia