No. Cada día, el sistema inmunitario se enfrenta con una gran cantidad de microorganismos y es capaz de manejar los desafíos inmunológicos sin mayores problemas. La evidencia científica muestra que las vacunas se comportan como otros factores ambientales (microbios o nutrientes) que favorecen el sistema inmune. De hecho, los niños con cobertura de vacunación completos muestran, en comparación con aquellos no vacunados o poco vacunados, una menor tasa de mortalidad y un mejor estado general de salud (21). De hecho, si se administran las vacunas de acuerdo con los calendarios de inmunización sugeridos, favorecen el desarrollo del sistema inmunitario, mejorando, no solo la protección contra enfermedades que previenen las vacunas, sino que también, contra microrganismos no relacionados (20). Finalmente, las vacunas pediátricas están enfocadas a inducir inmunidad protectora más que a desarrollar respuestas inmunitarias parecidas a las de los adultos. Datos muestran que, por medio de la vacunación, se puede provocar, en más del 90% de los niños a los 7 meses de edad, títulos de anticuerpos protectores contra polio, difteria-tétanos-tos ferina (DTP), Haemophilus influenzae tipo b, virus de la hepatitis B y neumococo (20). De hecho, los recién nacidos pueden desarrollar respuestas innatas y adaptativas contra una enorme cantidad de microorganismos encontrados desde el nacimiento, demostrando que están lo suficientemente desarrollados para generar respuestas de protección y células de memoria efectivas, que son los fines de la vacunación. Además, los adyuvantes y los esfuerzos de formulación pueden ayudar a un sistema inmune inmaduro a desarrollar respuestas específicas de vacuna que no serían provocadas por infecciones naturales.

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