El estudio permite dilucidar la situación que puede enfrentar el país frente a esta enfermedad invernal.

La Influenza A(H3N2) presente este año, tiene similitudes con la influenza de temporadas dominadas por H3N2 de los años 2003–2004 y 2017–2018, caracterizadas por adelanto estacional, impacto desproporcionado en adultos mayores y elevada presión asistencial. Sin embargo, el escenario actual se distingue por una expansión más rápida y global del subclado K, favorecida por altos niveles de movilidad internacional, aunque sin evidencia de incremento proporcional de la letalidad.

La Unidad de Vigilancia Sanitaria y Coordinación Académica del Instituto de Salud Pública (ISP), publicó recientemente el reporte «Influenza A(H3N2) subclado K (2025-2026) Revisión narrativa de la literatura internacional para apoyo a la toma de decisiones en Chile».

Entre otras cosas, este documento sostiene que la integración de la evidencia microbiológica y epidemiológica indica que el principal riesgo para Chile no radica en una mayor virulencia, sino en la acumulación temporal de casos y el consiguiente estrés sobre la red asistencial.

Para la temporada 2026 del hemisferio sur, incluida Chile, la vacuna contra influenza incorpora una cepa A(H3N2), actualizada, frente a los virus actualmente circulantes.

El estudio, también se refiere a la relación de influenza con el Virus Respiratorio Sincicial (VRS), situación respecto a la cual la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), recomiendan la incorporación de estrategias preventivas en lactantes, vacunación materna o administración de anticuerpos monoclonales de acción prolongada, como el exitoso medicamento llamado Nirsevimab, con el objetivo de reducir hospitalizaciones, estrategia que Chile ya implementó en el año 2024 con excelentes resultados

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